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Malasia es de esos países que sorprenden a quien llega sin muchas expectativas. No tiene la fama de Tailandia ni el toque exótico de Camboya, y tampoco mueve a las masas como Vietnam. Pese a eso, reúne una variedad que pocos países de la región consiguen igualar. En un mismo viaje vas de una metrópoli con rascacielos de postal a una ciudad colonial Patrimonio de la Humanidad. Subes después a plantaciones de té entre montañas. Y acabas en el Borneo de los orangutanes, con algunos de los mejores fondos marinos del Sudeste asiático.
El hilo conductor es la comida. Malasia tiene tres grandes comunidades, malaya, china e india, que llevan siglos conviviendo puerta con puerta, y cada una dejó su huella en la cocina. El resultado es una de las escenas gastronómicas de calle más ricas de toda la región. Un nasi lemak por la mañana, laksa al mediodía y un roti canai por la noche no tiene nada de raro, es simplemente la manera de comer aquí.
Esta guía te da lo esencial, qué ver, cómo moverte y algo que conviene saber antes de salir.
Por qué Malasia merece un viaje

La diversidad es el punto fuerte del país. Cambia el paisaje, sí, pero también cambia la experiencia entera de una zona a otra. Kuala Lumpur es una metrópoli moderna y algo caótica, con una escena gastronómica que no decepciona. Penang juega en otra liga, recogida y colonial, con arte urbano por todas partes y hawker centres legendarios. Y el Borneo ya ni se parece al resto del país, selva primaria, fauna que cuesta ver en otro lado y un nivel de buceo que pocos sitios pueden igualar.
La relación calidad-precio es buena, aunque algo más alta que en Camboya o Laos. El país es seguro y el inglés se habla casi en todas partes, así que moverte no supone ningún drama. La red de transporte, además, está entre las mejores de la región. Para quien viene desde Europa también es un hub práctico. KL tiene uno de los aeropuertos mejor conectados del Sudeste asiático. Y AirAsia, que nació aquí mismo, conecta el país con el resto de Asia a precios muy competitivos.
Dónde ir en Malasia

Kuala Lumpur suele ser la puerta de entrada, y cumple bien su papel. Las torres Petronas son realmente imponentes en persona, y los mercados nocturnos de Jalan Alor son una inmersión total en la comida de calle. Los barrios de Chinatown y Brickfields, por su parte, tienen cada uno su propio carácter. KL no es una ciudad de la que te enamores a primera vista, pero mejora bastante en las primeras horas.
Penang es el destino que más sorprende a los visitantes. George Town, el casco antiguo de la isla, es Patrimonio de la Humanidad. Reúne una concentración de arquitectura colonial, templos, arte urbano y comida de calle difícil de encontrar en otro sitio. Se la considera la capital gastronómica de Malasia, y no es ninguna exageración. Merece al menos tres días. Reserva el hotel con antelación en las zonas céntricas, los boutique hotels mejores se llenan rápido y el precio sube los fines de semana y durante los festivales.
El Borneo malasio (Sabah y Sarawak) es la parte del país a la que muchos viajeros no llegan. Pero casi siempre se convierte en la favorita de quien sí lo hace. El monte Kinabalu, el más alto del Sudeste asiático, se sube en dos días. Los centros de rehabilitación de orangutanes de Sepilok son una de las experiencias más especiales que se pueden vivir en Asia. El buceo en Sipadan compite de tú a tú con los mejores destinos del planeta.
Las Cameron Highlands son la alternativa al calor húmedo de las llanuras. A 1.500 metros de altitud, las plantaciones de té cubren las colinas como una alfombra verde. Aquí el clima es fresco y el ritmo se relaja. Las fresas locales, por raro que suene en el Sudeste asiático, están buenísimas. Es una parada que mucha gente añade en tren o bus en el camino entre KL y Penang.
Las islas tienen personalidades muy distintas entre sí. Langkawi, en el noroeste, es la más desarrollada, con zona duty free, resorts y playas bonitas que no llegan a sentirse solitarias. Las Perhentian, en la costa este, siguen siendo pequeñas y tranquilas, con mar cristalino y snorkel al alcance de cualquiera. Tioman está a medio camino entre las dos, algo más grande y con más infraestructura, pero todavía bastante lejos del turismo masivo.
Cómo moverse por Malasia
Moverte por Malasia es bastante sencillo. Los trenes ETS conectan Kuala Lumpur con Ipoh y Penang de forma rápida y cómoda. Los autobuses interurbanos cubren prácticamente todo el país, con salidas frecuentes desde las principales ciudades. Para las distancias largas o para llegar al Borneo, los vuelos de AirAsia suelen ser la opción más económica. Puedes comparar trenes, autobuses y ferris para las islas en 12Go Asia, donde encuentras horarios y disponibilidad para las principales rutas de Malasia en un solo sitio.
Los ferris hacia las islas salen desde varios puntos de la costa. Para Langkawi sales desde Kuala Perlis o Penang, y para llegar a las Perhentian tocará Kuala Besut. Si vas a Tioman, el puerto cambia entre Mersing y Tanjung Gemok según el caso. Las frecuencias cambian bastante con la temporada, y durante los monzones algunas rutas se reducen o desaparecen directamente del calendario.
Qué hacer según tus gustos
Comida y mercados. Si hay que dar una respuesta rápida, esa es Penang. Pero KL no se queda atrás, con sus hawker centres históricos y mercados de calle que no te puedes perder. Malaca, a un par de horas en bus desde KL, merece otra parada. Ahí se prueba la auténtica cocina peranakan, fruto de la fusión entre lo chino y lo malayo.
Naturaleza y fauna. Aquí manda el Borneo, claro, pero la península pone también lo suyo. Taman Negara es una de las selvas tropicales más antiguas del mundo, y se explora tanto en barca como a pie. Endau-Rompin recibe menos visitantes y es todavía más salvaje. Si quieres ver elefantes pigmeos y monos narigudos sin llegar hasta Sabah, algunas reservas de la costa este de la Malasia peninsular son una alternativa decente.
Playas e islas. Las aguas más bonitas están en la costa este de la península, aunque solo se pueden disfrutar entre abril y septiembre, porque el monzón la cierra casi del todo entre noviembre y febrero. Langkawi, en el lado oeste, se puede disfrutar casi todo el año. Las Perhentian son todavía la mejor opción para quien busca algo auténtico sin demasiada infraestructura alrededor.
Cultura e historia. Malaca y Penang son ambas Patrimonio de la Humanidad. Conservan capas de historia portuguesa, holandesa, británica y china, visibles en los palacios, las iglesias y las shophouses de colores. George Town, en Penang, es además un centro de arte contemporáneo que pocos esperan encontrar aquí, con murales e instalaciones repartidos por las callejuelas del centro histórico.
Qué saber antes de viajar a Malasia
Los ciudadanos españoles no necesitan visado para entrar en Malasia, y la estancia permitida es de 90 días, la más generosa de toda la región. Eso sí, antes de viajar hay que rellenar el MDAC, la Malaysia Digital Arrival Card, online. Se hace en pocos minutos desde la web oficial del gobierno malasio. Tenemos una guía dedicada con el paso a paso para rellenarlo.
La moneda es el ringgit malasio (MYR). Los pagos con tarjeta se aceptan en las ciudades principales, pero en las zonas rurales y en las islas todavía hace falta efectivo. Con el clima conviene hacer una distinción, la costa oeste de la península (KL, Penang, Langkawi) tiene su mejor época entre noviembre y abril. La costa este (Perhentian, Tioman) funciona justo al revés, está abierta entre abril y septiembre y conviene evitarla durante los monzones de invierno. El Borneo tiene lluvias repartidas todo el año, pero los meses menos lluviosos van de marzo a octubre. Si tu ruta toca varias zonas del país, planear el transporte con antelación ayuda a evitar sorpresas. En 12go.asia puedes comprobar horarios y disponibilidad de buses, trenes y ferris antes de salir.
Malasia suele quedar en un segundo plano frente a los destinos más conocidos de la región. Quien la descubre, sin embargo, casi nunca vuelve pensando que se equivocó de destino. Y muchas veces es solo la primera escala de un regreso.